Basilisco

El basilisco es un terrible monstruo que nace cuando una serpiente roba y empolla un huevo de gallina.

Tiene el tamaño aproximado de un gato y presenta semejanzas con el gallo y con la serpiente, pero es mucho más aterrador que ningún otro reptil conocido.

Las armas del basilisco son sus ojos y sus dientes. Ni siquiera el caballero de corazón más puro puede vencer a un basilisco, porque la mirada de este es mortal. La mirada del basilisco hace que las plantas se marchiten, los árboles sequen y los pájaros caigan en pleno vuelo. La única planta capaz de resistir el efecto de sus ojos es la ruda (Ruta graveolens) o "hierba de gracia", que por eso resulta muy útil en las prácticas de brujería.

Los basiliscos causarían estragos en el mundo si no fuera por sus dos enemigos: el gallo y la comadreja. Para proteger una casa contra los basiliscos basta con tener en ella un gallo, porque el basilisco muere al oir el canto del gallo.

Las comadrejas son inmunes a la mirada del basilisco y atacan a éstos sin piedad. Los basiliscos se defienden con sus afilados dientes, pero las comadrejas saben que las hojas de ruda pueden curar sus heridas y no temen al monstruo. Por sorprendente que parezca, la comadreja siempre sale vencedora.

Se dice que Plotino de Antioquía, que era ciego de nacimiento, hizo amistad con un basilisco en el desierto de Nubia y que cubrió los ojos del monstruo para poder domesticarlo. Pero cuando lo llevó a la ciudad, la bestia murió al oír el canto de un gallo.

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