Bogies, Bogles, Bogeys

Con estos nombres genéricos se designa a una gama muy amplia de espíritus del suelo y del subsuelo, bastante traviesos aunque en general inofensivos.

Les gusta vivir en la oscuridad o en la penumbra, y por eso suelen fijar su residencia en armarios, sótanos, graneros, desvanes, árboles huecos, minas abandonadas, cuevas y grietas, y refugios similares. Les gustan especialmente los lugares deonde los humanos guardan las cosas que ya no usan pero que no quieren tirar: una ático lleno de muebles viejos, maletas y trastos similares aloja invariablemente un cierto número de bogies. Cuando la casa está silenciosa, se les puede oir moverse con pretendido sigilo, pero son más bien torpes y se traicionan con tropezones y crujidos. Otros lugares favoritos de estos seres son las tiendas de trastos viejos, los graneros con rincones llenos de heno y maquinaria estropeada, los gallineros abandonados, los cuartos de herramientas, los archivos de abogados chapados a la antigua, llenos de papeles amarillentos, y todos los sitios donde se note esfuerzo humano y abandono. No obstante, también pueden penetrar en las casas modernas y ocupar armarios revueltos, donde pueden ocultarse fácilmente. Aunque tratan de permanecer silenciosos, de vez en cuando un movimiento torpe causa todo tipo de ruidos que delatan su presencia.

Los Bogies se divierten con pequeñas travesuras, que no revelan mucha inventiva por su parte. Destapan a los durmientes en las noches frías y crean vagas sensaciones de incomodidad al acechar tras la espalda de uno en las casas vacías. Les interesan mucho las actividades humanas y les gusta espiar y escuchar conversaciones.

Su apariencia es vaga y amorfa, con una cierta semejanza con una gran pelusa de polvo. Un modo seguro de comprobar su presencia es mirar rápidamente por los agujeros de los tabiques de madera. Si hay un bogey al otro lado, se verá brillar su ojo antes que tenga tiempo de echarse atrás.

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