Chamán

Poderoso hechicero de las razas que habitan en las regiones nórdicas del globo.

Un verdadero chamán nace, no se hace, y hereda sus poderes mágicos estando aún en el seno de su madre. El signo más seguro de un chamán es cuando un niño nace con todos los dientes y hablando el idioma de los padres. Naturalmente, estos poderosos chamanes son escasos. Es más corriente que un chamán pase largo tiempo como aprendiz de otros que adquirieron sus poderes de la larga línea que se remonta al origen de los tiempos.

Durante sus primeros años de aprendizaje, el aspirante va reuniendo las hierbas, semillas y otros artículos necesarios para la hechicería, aprende cantos rituales, los primeros pasos de la Danza del Sol y ceremonias similares. Cuando crece un poco más, se le permite ayudar en la talla y pintura de postes totémicos.

Su verdadero aprendizaje comienza en la pubertad, cuando sus maestros lo equipan con los amuletos necesarios y le envían a un viaje en solitario que puede durar muchos años. Pronto encuentra compañía entre las aves, los animales de la llanura y el bosque, y los peces de los ríos. Tarda algún tiempo en aprender su lenguaje, pero pronto puede hablar con ellos y enterarse de sus secretos.

También aprende las interioridades de las rocas, árboles, lagos, montañas y otras formaciones naturales. Sus espíritus les hablan y le revelan conocimientos eternos. Los rayos del sol y las voces del viento conversan también con él.

El viaje solitario del chamán y los conocimientos que obtiene varían mucho de una parte del mundo a otra. Un chamán de Groenlandia o de Siberia aprenderá cosas diferentes de las que aprende un chamán de Canadá o Finlandia, aunque los principios básicos de la hechicería son en gran parte los mismos.

Cuando el aprendiz regresa a su tribu, aún le quedan muchas cosas que aprender de sus mayores. Estos le enseñan los secretos del corazón humano, más dulces que los brotes de primavera y más terribles que las ventiscas de invierno.

Con el tiempo, cuando los años han teñido su pelo de blanco y arrugado su cara como la corteza de un pino, el chamán alcanza su plenitud. Es capaz de provocar la lluvia cuando es necesaria, y de hacer que germinen las semillas. Sin sus cantos mágicos, los frutos no madurarían, los animales que dan vestido y alimento a la tribu no criarían bien, y no habría peces en los ríos.

Sus conocimientos de hechicería le confieren el poder de aparecer y desaparecer, de volar por el aire para consultar a los espíritus, y de otorgar ciertos poderes a las armas de los guerreros y cazadores. Puede mirar en las llamas y el humo de sus fuegos sagrados, y avisar a su pueblo de las catástrofes que se avecinan.

El chamán sabe que hay un momento para cada cosa, y que los seres humanos sólo pueden ser felices si viven en armonía con los grandes ritmos del Cosmos.

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