Los orígenes de la cultura Zapoteca

Floreció en el sureste de México desde 200 a.C. hasta la llegada de los españoles en 1519, están envueltos en la incertidumbre, pues incluso sus restos más antiguos conocidos pertenecen a una cultura con un alto nivel de desarrollo urbano y agrícola. En arte y arquitectura, matemáteicas y ciencias del calendario, los zapotecas tienen claras afinidades con las civilizaciones meridionales olmeca y maya, más antiuas, pero en su historia no hay noticia de migraciones ni de ésa ni de ninguna otra parte. Por el contrario, se creían descendientes de los árboles, las piedras y los jaguares.

La capital zapoteca estaba en monte Albán, a 11 kilómetros de la ciudad de Oaxaca. Se alza en la cima de un cerro nivelado artificialmente y está centrada en una enorme plaza de unos 300 metros de largo por 200 de ancho, rodeada por todas partes de escalinatas en terraza, patios hundidos y edificios bajos y bellos. La primera excavación sistemática del lugar se inició en 1931, y no tardaron en apararecer tesoros de oro, jade, cristal de roca y turquesa en algunas tumbas. pero el descubrimiento más notable fue el de algo mucho más misterioso que las bellas obras de arte y los ricos materiales: una compleja red de túneles revestidos de piedra, demasiado pequeños para ser utilizados por adultos o niños de estatura mediana.

Finalmente, al este de la tumba número 7, donde se habían encontrado los tesoros más ricos, se descubrió una compleja red de túneles en miniatura...

El primero de esos túneles, descubierto en 1932 pero no exporado sino hasta el año siguiente, tenía 50 centímetros de alto por 60 de ancho, lo que hacía que los excavadores solo pudiesen avanzar por él acostados de espaldas. Tras recorrer de este modo 60 metros, encontraron un esqueleto, un incensario y urnas funerarias. Había también ornamentos de jade, turquesa y piedra, y algunas perlas. Unos metros más allá el túnel se hallaba bloqueado, y para volver a penetrar en él tuvieron que abrir una chimenea de casi 8 metros desde la superficie, más allá del obstáculo.

Arrastrándose a lo largo de ese tramo, encontraron pasadizos aún más pequeños, de poco más de 30 centímetros de altura, que partían del túnel principal. A uno de ellos se llegaba por una diminuta escalera. A una distancia de casi cien metros de la entrada principal, los arqueólogos encontraron otro esqueleto, y poco más allá, en el borde de la terraza septentrional de la gran plaza, el final del túnel.

Nuevas excavaciones revelaron dos túneles parecidos, ambos llenos de arcilla. Finalmente, al este de la tumba número 7, donde se habían encontrado los tesoros más ricos, se descubrió una compleja red de túneles en miniatura, todos ellos revestidos de piedra, y algunos de menos de 30 centímetos de altura. Se inyectó humo en ellos para tratar de descubrir su trazado, lo que "reveló algunas salidas inesperadas".

Los arqueólogos abandonaron la idea inicialde haber descubierto un sistema de drenaje. Otro tanto ocurrió con la de que los túneles era una red de pasadizos secretos para casos de emergencia (o habían servido para algo más a personas de tamaño normal), y las especulaciones oficiales acerca de su finalidad cesaron. Desde entonces, los túneles para pigmeos de Monte Albán han seguido siendo uno de los grandes misterios inexpicables.


William R. Corliss, Ancient man: A Handbook of Puzzling Artifacts, págs, 360-361.

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