Las hechiceras míticas griegas

Los relatos de hechicería también aparecen en los mitos de la antigua Grecia. Dos de las hechiceras más poderosas de la mitología griega son Circe y su sobrina Medea. Ambas son hijas o sacerdotisas de Hécate, la diosa de la luna menguante y oscura, que se convirtió en diosa patrona de la brujería.

Hécate, diosa de la luna menguante y oscura, que se convirtió en diosa patrona de la brujería.

Circe vivía exiliada en una isla, y allí aprendió el arte de la magia. Su magia tenía que ver con el uso de los encantos femeninos, como sus hermosos cabellos, que le servían para controlar las fuerzas creativas y las destructivas. Circe en la mitóloga está relacionada con las hazañas de Ulises, quien, en sus viajes después de la guerra de Troya, llegó a la isla de Circe. Como resultado de un hechizo de Circe, los hombres de Ulises se convirtieron en cerdos. Pero Ulises se salvó de sufrir el mismo destino porque había comido una planta mágica. Obligada por Ulises, Circe liberó del hechizo a los compañeros del héroe. Pero a cambio, lo obligó a permanecer junto a ella durante un año, no permitiéndole volver junto a su esposa.

En el arte, Circe es representada como una bella mujer que lleva la vara de un mago en la mano y está rodeada de animales que en realidad son hombres a quienes ella ha transformado.

Medea

Medea era una hechicera vengativa que utilizaba pociones mágicas y varios otros trucos para conseguir sus objetivos. En un relato de la mitología griega convirtió a su amante, Jasón, en invencible durante un día gracias a un ungüento mágico, de este modo él pudo conseguir el Vellocinio de Oro. A menudo se le representa en las obras de arte como una mujer que vigila un caldero hirviendo, o convirtiendo un carnero viejo en uno joven. El mito cuenta que ella cortó al carnero en trozos mientras recitaba un encantamiento y lo hizo hervir hasta darle la forma de un carnero joven.

Este hechizo de rejuvenecimiento era realmente un engaño para tentar a su enemigo, Pelias, rey de Yolco, para que creyera que este hechizo podía convertirlo en joven de nuevo. Tampoco nos sorprende saber que Medea desapareció antes de decir el hechizo adecuado, dejando tras de sí el cadáver de su enemigo.

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