El último vuelo de Amelia Earthart

La llamaban Lady Lindy, por Charles A. Lindbergh, pero para ser aceptada como una gran piloto tuvo que vencer una oposición que nunca encontraron ni Lindbergh ni otros hombres. Amelia Earhart, nacida en 1898 en Atchison (E.U.A.), estudiaba medicina cuando le entró el entusiasmo por volar. Aprendió pronto y en 1922 estableció un récord de altitud para mujeres.

Al convertirse en 1928 en la primera mujer que hizo un vuelo trasatlántico, fue el centro de una enorme campaña publicitaria orquestada por George Putnam, con quien se casó en 1931. En 1932 cruzó sola el Atlántico, y emprendió después otras aventuras en solitario, mientras defendía los derechos de la mujer.

El pináculo de su carrera iba a ser un vuelo alrededor del mundo, yendo hacia el este, en un bimotor especialmente equipado. Saliendo de California el 20 de mayo de 1937, ella y su navegante y copiloto, Fred Noonan, recorrieron Florida, Brasil, África Occidental, Pakistán, India, Birmania, Singapur y Australia. El 2 de julio, con los tanques de combustible llenos, Earhart y Noonan partieron de Lae, Nueva Guinea, para un vuelo de más de 4,000 kilómetros hasta la pequeña isla de Howland, en el Pacífico Central. Allí los esperaba el guardacostas Itaska para enviarles señales de orientación, mientras otros barcos patrullaban la zona.

Al acercarse la hora de llegada, el Itaska recibió mensajes fragmentarios: "Nubosidad cerrada... no puedo orientarme." No se oyó nada más.

Los admiradores de Amelia Earhart, primera mujer que cruzó sola el Atlántico, se negaban a atribuir a un error de pilotaje su desaparición, ocurrida en 1937.

Apenas supo Putnam que su esposa había desaparecido, acudió a una amiga de Amelia, Jacqueline Cochran, también destacada piloto. Cochran había ya localizado con éxito aviones perdidos, y como Amelia estaba convencida de que poseía percepción extrasensorial, antes de despegar le había pedido que utilizase esos poderes en su favor si lo necesitaba. En su autobiografía Estrellas a mediodía, Jacqueline recordaba haber dicho una vez a Putnam que Amelia estaba viva. Especificó la zona del Pacífico donde flotaba su avión y nombró dos barcos cercanos, uno de ellos el Itaska (del que aún no había oído hablar) y el otro un pesquero japonés. Pidió a Putnam

no mezclar mi nombre en ello, sino enviar barcos y aviones a la zona en cuestión. Aviones de la armada y abundantes barcos recorrieron esa zona, pero sin encontrar rastro. Seguí el curso de su deriva durante dos días. Seguía estando en la zona donde la buscaban.

Una búsqueda masiva no descubrió nada; pero el país, negándose a aceptar la pérdida de su heroína, se aferraba a sus esperanzas. Durante semanas circularon rumores de que se habían captado mensajes por radio que decían: "Al suroeste coralino de una isla desconocida." Al pasar el tiempo. se sugirió que amelia tuvo que descender sobre una isla volcánica que más tarde se hundió, o sobre una isla ocupada por los japoneses, fuera del alcance de los Estados Unidos.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se dijo que la Earhart iba en misión de espionaje militar y había sido hecha prisionera. Según Fred Goerner, autor de The Search for Amelia Earhart, el almirante Chester Nimitz le dijo que ambos pilotos habían sido capturados (y presumiblemente ejecutados) por los japoneses. Después de la guerra, un californiano que vivía en la isla de Saipan en 1937, aseguró haber visto allí a dos aviadores, uno de los cuales se parecía a Amelia. es una historia difícil de creer, pero las especulaciones en torno a la suerte de Lady Lindy y Fred Noonan aún continúan.


Inverosímil Fenómenos inexplicables, Reader Digest's, págs. 128-129.

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